MOSSAD VIVE EN LAS SOMBRAS
El Mossad, la agencia de inteligencia de Israel, es conocido por sus operaciones secretas e y su habilidad para infiltrarse en los lugares más hostiles.
Pero, ¿cómo encuentra a sus agentes?
El proceso de reclutamiento es un misterio bien guardado, diseñado para seleccionar a los mejores, desde exmilitares hasta genios tecnológicos. Hoy, exploraremos cómo el Mossad recluta a sus espías y contaremos la historia de uno de los más legendarios: Eli Cohen.
El reclutamiento comienza con la búsqueda de talento excepcional. El Mossad rastrea a exmiembros de las Fuerzas de Defensa de Israel, especialmente de unidades de élite, donde ya han demostrado habilidades en combate o inteligencia. También apunta a universidades, buscando estudiantes brillantes en tecnología, informática o idiomas. Sorprendentemente, en los últimos años, el Mossad ha abierto sus puertas al público a través de su sitio web, disponible en hebreo, árabe, farsi y otros idiomas. Publican acertijos en línea, similares a los usados por los británicos en la Segunda Guerra Mundial, para filtrar mentes ingeniosas. Buscan personas con dominio de idiomas como árabe o chino, conocimientos en ciberseguridad, y una capacidad única para resolver problemas bajo presión.
La lealtad a Israel es innegociable, pero no se discrimina por religión o nacionalidad.
Una vez identificados, los candidatos enfrentan un proceso brutal.
Pruebas psicológicas evalúan su estabilidad emocional y capacidad para manejar el estrés. Exámenes físicos aseguran que puedan operar en el campo. Entrevistas exhaustivas exploran sus motivaciones, descartando a quienes buscan dinero o aventuras, ya que estos son riesgos de seguridad. El Mossad investiga cada detalle de su vida: familia, amigos, finanzas. Un solo punto débil, como deudas o adicciones, puede descalificarlos. Solo los mejores avanzan.
Los seleccionados ingresan a la Midrashá, una academia secreta cerca de Herzliya. Durante uno o dos años, aprenden técnicas de espionaje: cómo infiltrarse, vigilar, crear identidades falsas y comunicarse sin ser detectados. Se entrenan en krav magá, el arte marcial israelí, y en el uso de armas. Perfeccionan idiomas y estudian culturas extranjeras para mezclarse sin dejar rastro. Participan en simulaciones realistas, como infiltrarse en un país hostil o reclutar informantes.
Cada ejercicio los prepara para el mundo del espionaje, donde un error puede costar la vida.
Un elemento único del Mossad es su red de sayanim, judíos no israelíes que viven en el extranjero y ayudan voluntariamente. Un sayan puede ser un empresario que presta un auto o un doctor que proporciona información médica. Esta red permite al Mossad operar globalmente con un presupuesto limitado, apoyando a los agentes en misiones críticas.
Ahora, hablemos de Eli Cohen, un espía cuya historia define la audacia del Mossad. Nacido en 1924 en Egipto, Cohen era un judío sefardí que hablaba árabe con fluidez, además de hebreo, francés e inglés. En los años 40, ayudó a judíos egipcios a emigrar a Israel, mostrando su compromiso sionista. Expulsado de Egipto en 1957, llegó a Israel y trabajó como contable. Su talento no pasó desapercibido. En 1960, el Mossad lo reclutó por su dominio del árabe y su carisma natural.
Cohen recibió un entrenamiento intensivo. El Mossad creó una identidad falsa: Kamal Amin Taabet, un empresario sirio que había vivido en Argentina. Para construir esta “leyenda”, lo enviaron a Buenos Aires en 1961, donde se integró en la comunidad siria, ganándose la confianza de expatriados influyentes. Aprendió a usar cámaras ocultas, transmisores de radio y técnicas de vigilancia. Estudió la cultura y política siria para moverse como nativo. Tras un año de preparación, estaba listo.
En 1962, Cohen llegó a Damasco como Taabet. Su carisma y generosidad, financiada por el Mossad, lo convirtieron en un favorito de la élite siria. Se codeó con militares y políticos, obteniendo acceso a secretos de estado. Durante tres años, envió inteligencia crucial a Israel, incluyendo detalles sobre las fortificaciones en los Altos del Golán. Sus informes fueron tan precisos que ayudaron a Israel a capturar el Golán en la Guerra de los Seis Días de 1967. Pero en 1965, expertos soviéticos detectaron sus transmisiones de radio. Cohen fue arrestado, torturado y ejecutado tras un juicio público.
Su sacrificio salvó incontables vidas y cambió la historia de Israel.
El reclutamiento del Mossad es un arte que combina rigor, secreto y visión. Busca a los mejores, los moldea en espías de élite y los envía a misiones donde el fracaso no es una opción. Eli Cohen es la prueba de su éxito: un hombre común que se convirtió en un héroe extraordinario.
Su legado, como el del Mossad, vive en las sombras, protegiendo a una nación contra viento y marea.