INTELIGENCIA Y CONTRAINTELIGENCIA EN LA SOCIEDAD Y EN LA EMPRESA PRIVADA




INTELIGENCIA Y CONTRAINTELIGENCIA EN LA SOCIEDAD Y EN LA EMPRESA PRIVADA

POR Jorge Gómez 

Realmente no descubro nada a nadie si afirmó que estamos envueltos en una revolución mundial, en un cambio histórico, en una situación que podríamos considerar como la Tercera Guerra Mundial por otros medios. La hibridez es una de las consecuencias de este nuevo modelo, una hibridez que no nos permite diferenciar causas y consecuencias y nos mantiene, a la mayoría de la población, en una situación de aletargamiento y cansancio, manteniendo una posición beligerante en cuestiones que ni siquiera sabemos cómo han nacido y a quién interesan realmente.

Por un lado, la revolución tecnológica, especialmente en el campo de las comunicaciones, la automatización de procesos, la robotización y la Inteligencia Artificial están alterando y modificando el mundo que conocemos, para convertirlo en otro, que todavía no somos capaces de adivinar cómo será, pero que ya vislumbramos que no se parecerá mucho al que ahora tenemos delante. 

Por otro lado, se produce una lucha entre las grandes potencias por controlar el mundo y poder así establecer su modelo de vida, su modelo de sociedad, su modelo económico, militar y muchas otras cuestiones. Una consecuencia de esta lucha es la utilización de los avances tecnológicos en su beneficio, para lograr alcanzar sus objetivos, sometiéndonos a amenazas y presiones nunca vistas. 

Entre estas amenazas emergentes, aprovechándose de las nuevas tecnologías, especialmente en el terreno de la comunicación, comprobamos el crecimiento inimaginable de la capacidad de desinformación, utilizada para polarizar y crispar las sociedades y, en otro sentido, para atacar la reputación de nuestras empresas o sus altos directivos. La mentira se ha convertido en el elemento más importante de la comunicación. 

Toda esta revolución, tal y como podemos observar, ha traído una consecuencia inevitable, la aparición de nuevas amenazas y riesgos emergentes, es decir, la necesidad de cubrir más ámbitos en la actividad de seguridad, la necesidad de reaccionar ante ellos para garantizar los estándares de seguridad adecuados para nuestra ciudadanía y, en lo que atañe a la seguridad privada, para poder proteger los intereses de nuestros clientes y de sus compañías.

   Jorge Gómez 

Los profesionales de la seguridad de todo el mundo, tanto los de la seguridad pública como los de la seguridad privada, estamos ante un escenario que exige que respondamos con rapidez y eficacia para solventar los desafíos actuales. Es necesario innovar, aplicar nuevos enfoques y cambiar nuestra perspectiva. No se pueden aplicar patrones de pensamiento obsoletos, viejas soluciones que no abordan con profundidad las causas y que pretenden aferrarse a soluciones antiguas para problemas modernos. Hoy en día es más necesaria que nunca esa tan cacareada colaboración público-privada que, lamentablemente, casi siempre se queda en bonitos discursos o en intentos de supeditar las actividades de una a la otra.

Si me permiten, abordaremos algunos de los cambios más importantes que necesitan de soluciones rápidas y eficaces:

Incremento de los conflictos en todo el mundo con repercusión sobre los intereses de las empresas

El Orden Mundial surgido del final de la Segunda Guerra Mundial se está desmoronando, surgiendo una pugna entre las dos grandes potencias, Estados Unidos y China. Ambas potencias están utilizando sus propias herramientas y sus proxis para generar una situación nada parecida a la vivida hasta ahora, donde las fronteras y los límites se han evaporado ante nuestros ojos, especialmente en lo tocante a las relaciones de la Unión Europea (UE) con el resto del mundo, sufriendo presiones arancelarias y presiones de todo tipo nuestras empresas más punteras y estratégicas.

Una UE con un desarrollo incipiente, y sin terminar de hacerse cargo de generar una unión en todos los terrenos, sobre todo en los ámbitos de seguridad y defensa, se ha topado con el cambio de rumbo de los Estados Unidos de Donald Trump, teniendo que asumir a pasos agigantados aquello que durante muchos años no ha querido asumir, es decir, hacerse cargo de sus problemas y que no los tengan que resolver los demás. Parece que no hemos querido hacernos “mayores” y ahora nos molesta que nos traten como “niños”, aunque nos lo merezcamos. 

Nuestras compañías son ahora objetivo de los intereses de chinos, estadounidenses o rusos, entre otros, además de la competencia con otras empresas del mismo sector, aunque sean de países aliados o del nuestro propio. Todo ello nos sitúa en un escenario altamente complejo que afecta a todos los ámbitos de actuación, pero, sobre todo, al ámbito de la seguridad privada. 

    Jorge Gómez 

Las grandes potencias están luchando en una guerra en la que se producen operaciones que no son visibles, pero que incluye acciones sobre nuestras compañías para alcanzar el control del mercado en el que están interesadas. Esto nos tiene que hacer abrir los ojos y pensar que los actores contra los que nos tenemos que enfrentar no solamente son las compañías de la competencia, nacionales o extranjeras, sino que, en ocasiones, el actor Estado imprimirá todos los recursos necesarios para que determinadas operaciones sean beneficiosas a sus intereses y a sus empresas. Por todo lo expresado, debemos estar preparados para enfrentarnos a este tipo de operaciones donde enfrente tengamos a profesionales de la inteligencia del Estado.

Vivimos en un escenario de amenazas híbridas coordinadas que podríamos definir como la utilización de métodos militares y no militares (ciberataques, desinformación, presión económica, manipulación política, agitación) que tienen como objetivo desestabilizar al enemigo (país, organismo, sociedad o empresa) y explotar sus vulnerabilidades. Y, en este escenario, tenemos la obligación los profesionales de la seguridad e inteligencia, de advertir y mentalizar a nuestra dirección de estas nuevas amenazas y de plantear soluciones eficaces.

El insider threat

Dentro de los riesgos emergentes, y de esas operaciones en las que el actor en contra pueda ser un actor Estado, debemos asumir la utilización de metodología, prácticas y procedimientos de la inteligencia estatal, también aplicadas por las emergentes empresas de inteligencia privada como la que dirijo, High Strategies Intelligence (HSI) ( www.hsintelligence.es ). Los servicios de inteligencia defienden los intereses de la nación dentro y fuera de su territorio y nosotros defendemos los intereses de nuestros clientes en esos mismos escenarios.

En este sentido, las nuevas amenazas a las que podemos vernos sometidos por la metodología aplicada por los nuevos actores en liza, pueden ser la realización de operaciones de penetración de nuestras empresas, en busca de aquella información que se necesita en cada momento, el denominado en la empresa privada insider threat, es decir, las filtraciones de información de nuestra compañía. La contrainteligencia tiene aquí su campo de acción para poder protegernos de estos intentos de operaciones de penetración, o incluso infiltración.

Para que nuestro cliente o su empresa pueda desarrollar procedimientos de defensa ante este tipo de amenazas es necesario el diseño de todo un programa de insider threat por parte de profesionales experimentados, que desarrollen sistemas de parametrización y monitorización de riesgos y los consecuentes sistemas de investigación interna para detectar y neutralizar las acciones de nuestros insiders, denominación empresarial para la figura tradicional de “topo” en la inteligencia estatal. 

En muchas ocasiones nos preocupamos de los riesgos procedentes del exterior y resulta que la mayor amenaza entra por la puerta principal y con una tarjeta de acceso que nosotros mismos le hemos facilitado. Créanme que este es uno de los grandes riesgos y necesitamos prepararnos para afrontarlos. Necesitamos sistemas adecuados, pero también, sin ninguna duda, que nuestro personal de seguridad esté preparado y el personal de nuestra compañía sensibilizado y educado para detectar esas señales iniciales tan importantes para nosotros, los profesionales de la seguridad. 

Dentro de estas nuevas amenazas, y relacionada directamente con el insider threat, tenemos que considerar que existe un nuevo riesgo al que podríamos denominar la injerencia ideológica y la narrativa destructiva de la desinformación. La tecnología permite desinformar constantemente y con una apariencia que dificulta nuestra capacidad para diferenciar lo cierto de lo falso. Si perdemos esta capacidad de detectar la realidad, estaremos en el punto adecuado para ser manipulados.

Les pongo un ejemplo para escenificar los nuevos riesgos a los que nos enfrentamos. Imaginémonos que cualquiera de nosotros está siendo bombardeado por la desinformación contra Israel que puede leer en las redes. Esta información puede llegar a crear en nosotros una posición intransigente e intolerante, una crispación permanente que me lleve a pensar que debo hacer algo para oponerme a esa situación injusta a la que supuestamente someten a Palestina. Ese será el momento adecuado para reclutarnos y que podamos realizar un acto de sabotaje, un robo de información o cualquier otra acción que necesite nuestro reclutador, al que le importa muy poco Palestina, pero ha encontrado el camino para perjudicar a Israel o a las empresas de países que lo apoyan. Y no piensen que estas son cuestiones del cine, pasan todos los días. Podríamos considerar que estamos ante un período de “injerencia destructiva con elementos explosivos internos”.

Los drones y las infraestructuras críticas

Lo que cada guerra supone, además del desastre y la muerte, es un escaparate para nuevos desarrollos, nuevas aplicaciones y, aunque suene fuerte, el escenario de nuevos avances en muchos terrenos. En este sentido, la capacidad de los drones está siendo experimentada, sobre todo en la guerra de Ucrania, y han afectado a la misma esencia de la guerra y a sus métodos de combate. Un elemento pequeñito y barato es capaz de destruir sistemas de armas tremendamente caros que se muestran incapaces de defenderse sobre el terreno.

Esto, que ahora mismo reflexionamos sobre la guerra, el desarrollo de la aplicación de los drones tendrá sus consecuencias en otros terrenos, sobre todo en los relacionados con la seguridad. Ya estamos percibiendo la aplicación de los drones al ámbito del espionaje entre Estados, también en el ámbito del espionaje industrial y, no tengo la menor duda, de que veremos su aplicación para la ejecución de actividades de grupos criminales, especialmente en el ámbito terrorista.

El terrorismo podemos definirlo como una sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror y los drones ostentan las características esenciales para poder cumplir con ese objetivo, causar un daño que infunda terror. Los profesionales de la seguridad tenemos que comenzar a prepararnos para tratar de impedir o dificultar ese tipo de acciones, tenemos que plantear soluciones contra este tipo de ataques futuros, sobre todo a instalaciones de nuestras compañías que resulten de una importancia estratégica.

En la guerra de Ucrania estamos viendo como las infraestructuras críticas están siendo atacadas constantemente con drones. Una infraestructura crítica (IC) son aquellos sistemas, redes, servicios y activos físicos o virtuales (como energía, agua, transporte, salud, telecomunicaciones, finanzas) cuya interrupción o destrucción tendría un impacto muy importante en las funciones sociales vitales de una nación. Son la columna vertebral de una sociedad moderna, y su protección contra amenazas físicas y cibernéticas es fundamental para mantener la estabilidad nacional.

¿Por qué pensar que estas acciones solamente se van a producir en escenarios de guerra?. Pues resulta que la mayor parte de la seguridad de este tipo de infraestructuras está soportada por la seguridad privada, consolidándose como un sector estratégico en su protección. No debemos olvidarnos de que durante la pandemia del Covid19 los sectores esenciales de la sociedad también fueron cubiertos por la seguridad privada, constatando nuevamente la importancia de este sector en nuestra sociedad.

Creciente escasez de recursos estatales que colocan a las empresas privadas en todo tipo de escenarios de actuación

La revolución tecnológica, unida al desorden mundial y a la llamada por algunos “Globalización”, ha hecho emerger ante nuestros ojos una cantidad de situaciones de riesgo que anteriormente no existían o, al menos, no con esta magnitud.

Esto ha tenido como elemento importante la creciente incapacidad del sector estatal para cubrir esta ingente cantidad de amenazas, teniendo que ceder terreno a la implantación cada vez mayor de sistemas de inteligencia y seguridad privados. Así las cosas, vamos observando como la seguridad e inteligencia privada va tomando cada vez más importancia en ámbitos como la defensa, consolidándose las empresas privadas militares y las empresas privadas de inteligencia.

Han crecido también las empresas privadas especializadas en la exfiltración de activos (personas) de lugares de riesgo. Todos hemos podido observar como María Corina Machado ha sido exfiltrada de Venezuela y esta operación fue ejecutada por una empresa privada denominada Grey Bull Rescue. En todas estas compañías es frecuente encontrarse con exmilitares, exmiembros de los servicios de inteligencia o expolicías de cuerpos especiales. Esta ha sido la forma más rápida y eficaz de adaptar las empresas de seguridad privada a este tipo de misiones.

Dentro de estos cambios visibles, también podemos observar como las compañías de seguridad privadas se hacen cargo de la vigilancia y seguridad de organismos estatales e incluso de organismos y dependencias militares, algo que requiere de que nuestro personal esté convenientemente adiestrado y preparado para estas misiones. No es lo mismo custodiar o vigilar un almacén de armamento que prestar servicio en un centro comercial. Debemos prestar especial atención también a los servicios de seguridad privada en hospitales y centros sanitarios, donde nuestro personal debe estar preparado para operar en ese entorno.

Este proceso de crecimiento de la seguridad privada seguirá produciéndose y debemos estar preparados para que nuestras funciones se adapten a entornos tremendamente complejos y que exijan de una preparación especial para ello. El sistema de preparación actual es francamente deficiente y se debe convertir para dignificar esta profesión y adaptarla a lo que la sociedad exige de ella.

El ataque a los grandes ejecutivos y sus familias

Otro gran problema al que nos enfrentamos en este ámbito de la seguridad privada, que siempre ha sido de vital importancia, pero ahora lo es mucho más, es el poder garantizar la seguridad de los grandes ejecutivos empresariales y sus familias. Y no nos referimos solamente a la seguridad física, vital para mantener la seguridad de estos y sus entornos, también nos referimos a la seguridad virtual.

En los tiempos que corren es muy fácil destruir la reputación de un profesional a través de las redes, a través de internet. La reputación creada durante muchos años de actividad profesional puede ser destruida en instantes en la red. Y, por supuesto, no es necesario que existan elementos o informaciones reales al respecto. Puede ser destruida con informaciones inventadas para este fin, informaciones de las que será difícil defendernos y que se viralizarán a una velocidad imposible de paralizar.

Los ataques a la reputación de nuestros directivos, o de nuestras propias compañías, requieren de una actividad prioritaria de monitorización previa, de una actividad preventiva que nos permita detectar indicios del inicio de una campaña y preparar acciones para repelerla o neutralizarla. Las reacciones a posteriori, las reacciones reactivas, serán casi siempre sinónimo de fracaso, tenemos que ser proactivos.

Para ser capaces de realizar estas labores debemos disponer de los conocimientos profesionales adecuados y de las herramientas y fuentes que nos permitan garantizar que este tipo de acciones tengan una difícil ejecución por parte de los elementos hostiles interesados.

Como han podido leer estamos ante unas amenazas multifacéticas ante las que es indispensable una seguridad con un alto componente de inteligencia y contrainteligencia que nos permitirá reaccionar de manera más eficaz. Debemos llegar al equilibrio entre el uso de la tecnología y la inteligencia humint. Combinar medidas de control técnico y monitorización con medidas de control físico y de investigación interna y protocolos de respuesta ante las posibles amenazas. Disponer de equipos de protección multifacéticos y preparados para respuestas ante cualquier evento hostil. Ser capaces de garantizar la protección a nuestros empleados en el extranjero, con la capacidad de exfiltrarlos en caso de un evento hostil y estudiar permanentemente nuestro entorno para comprender cómo funciona la sala de máquinas de la empresa que debemos proteger.

Por último, expresar algo que algunos no comparten pero que a mí me gusta expresar, somos los perros pastores, somos los responsables de que ellos, los empleados de las empresas de nuestros clientes sientan que “el lobo nunca podrá hacerles daño”. Esa es nuestra gran y complicada misión.

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